Miedo a lastimarse (traumatofobia)

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Hay personas que no bajan una escalera sin aferrarse al pasamanos, que dejaron de usar el cuchillo en la cocina o que sienten un golpe de angustia cada vez que sus hijos corren en el parque. Otras abandonaron un deporte que disfrutaban porque la idea de una caída o de un golpe les quita el sueño, aunque nunca se hayan lastimado de gravedad.

Cómo es este miedo

La traumatofobia es un miedo intenso y persistente a lastimarse o a sufrir una herida. Tener cuidado con un cuchillo o en un piso mojado es prudencia normal. En la traumatofobia, el miedo aparece en situaciones cotidianas de poco riesgo, es desproporcionado frente al peligro real y empieza a decidir qué actividades se hacen y cuáles no.

Se considera una fobia específica del grupo de la sangre, las inyecciones y las heridas, el mismo grupo al que pertenecen el miedo a la sangre y el miedo a las agujas, y es común tener más de uno de estos miedos a la vez. El foco puede ser cortarse, caerse, romperse un hueso, golpearse o tener un accidente. A veces aparece después de una lesión real, cuando el cuerpo ya sanó pero la mente sigue en alerta. Otras veces no hubo ninguna lesión y el miedo se formó al ver o escuchar lo que les pasó a otros.

Desencadenantes comunes

  • Usar cuchillos, tijeras o herramientas filosas
  • Bajar escaleras o caminar sobre un piso mojado
  • Superficies resbaladizas o con hielo
  • Deportes de contacto o con riesgo de caídas
  • Ver a alguien lastimarse
  • Ver sangre, moretones o heridas
  • Noticias y videos de accidentes
  • Volver a la actividad en la que hubo una lesión
  • Niños jugando de forma brusca
  • Herramientas eléctricas o máquinas

Dónde aparece

  • La cocina de casa
  • Escaleras y calles con desniveles
  • Gimnasios e instalaciones deportivas
  • Lugares de trabajo con maquinaria
  • Parques y zonas de juegos infantiles
  • Arreglos en casa y jardinería
  • Calles con lluvia o con hielo
  • Caminatas y excursiones al aire libre

Síntomas

En el cuerpo

  • Corazón acelerado ante un riesgo pequeño
  • Sensación de desmayo al ver una herida o sangre
  • Músculos tensos y movimientos rígidos
  • Sudoración
  • Náuseas o un nudo en el estómago
  • Boca seca
  • Temblores

En la mente

  • Imaginar una y otra vez cómo podría ocurrir un accidente
  • Sentir el propio cuerpo frágil o vulnerable
  • Ver peligro en tareas que antes eran normales
  • Preocupación constante por la seguridad de los seres queridos
  • Recuerdos de una lesión pasada que vuelven sin buscarlos
  • Miedo a desmayarse o a perder el control

Lo que la persona suele hacer

  • Dejar deportes o pasatiempos que antes disfrutaba
  • Revisar el entorno en busca de peligros
  • Pedir a otros las tareas que parecen arriesgadas
  • Moverse con exceso de cuidado o muy despacio
  • Evitar películas, noticias o conversaciones sobre accidentes
  • Posponer consultas médicas o revisiones

Qué causa este miedo

Muchas veces hay una experiencia de partida: una caída, un corte profundo, un accidente o haber visto de cerca cómo alguien se lastimaba. El miedo se puede aprender en casa, al crecer con un adulto que advertía de peligros a cada paso, y tener familiares con fobias o ansiedad puede aumentar la probabilidad de desarrollarlo. Algunas personas tienden a marearse o desmayarse al ver una lesión, y esa sensación tan desagradable refuerza el miedo. Después de una lesión real, el cerebro puede quedarse en modo de alerta aunque el cuerpo ya haya sanado. Cada vez que se evita una actividad, el alivio inmediato confirma la idea de que era peligrosa, y así el miedo se mantiene.

Cómo puede afectar tu vida

Con el tiempo, la vida puede volverse más pequeña. Hay quien deja el deporte, las caminatas o los arreglos en casa. En el trabajo, las tareas manuales o con herramientas pueden generar mucha tensión. Para madres y padres, puede ser difícil dejar que los hijos jueguen, trepen o practiquen deportes. Algunas personas también posponen revisiones o tratamientos médicos por miedo a lo que puedan ver o sentir. La falta de actividad, a su vez, puede afectar el ánimo, el descanso y la confianza en el propio cuerpo.

Qué puede ayudar en el día a día

  • Ante un pensamiento catastrófico, preguntarte qué es lo más probable que pase, no solo lo peor
  • Practicar una respiración lenta, soltando el aire más despacio de lo que lo tomas
  • Retomar poco a poco una actividad que dejaste, empezando por la versión más sencilla
  • Si te estás recuperando de una lesión, seguir las indicaciones de tu médico o fisioterapeuta
  • Si sientes que te vas a desmayar al ver una herida o sangre, sentarte o recostarte enseguida y avisar a quien esté contigo

Cuándo buscar ayuda

Conviene buscar ayuda si el miedo te impide trabajar, hacer ejercicio, cuidar a tus hijos o atender tu salud. Cualquier lesión, dolor o molestia actual debe revisarla primero un médico, y no dejes revisiones ni tratamientos por miedo. Si tiendes a marearte en las consultas, díselo a la enfermera o al médico para que puedan atenderte recostado. Ante una herida grave o un accidente, llama al número de emergencias de tu país. Si la ansiedad está afectando tu vida diaria, acude a tu centro de salud o consulta a un profesional de salud mental, y si tu ánimo está bajo, puedes buscar apoyo en una línea de ayuda emocional de tu país.

Cómo puede ayudar la hipnoterapia

La hipnoterapia trabaja con un estado de relajación profunda y atención enfocada. En el miedo a lastimarse, suele usarse para explorar de dónde viene el miedo y para ensayar en la imaginación actividades cotidianas, como bajar una escalera, cocinar o volver a un deporte, hasta que se sientan más tranquilas. También se usa para bajar la reacción automática de alarma que se dispara ante riesgos pequeños. La hipnoterapia no reemplaza la atención médica, y los resultados varían de persona a persona.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la traumatofobia?

Es un miedo intenso y persistente a lastimarse o a sufrir una herida, incluso en situaciones de poco riesgo. Ser prudente es normal. Cuando el miedo te hace dejar actividades, revisar peligros todo el tiempo o posponer la atención médica, conviene tomarlo en serio.

¿El miedo a lastimarse es lo mismo que el miedo a la sangre?

Están muy relacionados, porque ambos forman parte del grupo de fobias de la sangre, las inyecciones y las heridas, pero no son lo mismo. En el miedo a la sangre, lo central es verla. En la traumatofobia, lo central es la posibilidad de hacerse daño. Muchas personas tienen los dos.

¿Por qué sigue el miedo si la lesión ya sanó?

Después de una lesión, el cerebro puede seguir tratando ciertas situaciones como peligrosas aunque el cuerpo ya se haya recuperado. Evitar esas situaciones da alivio en el momento, pero impide que la mente compruebe que ya son seguras. Volver poco a poco, con el visto bueno de tu médico o fisioterapeuta, ayuda a romper ese círculo.

¿El miedo a las heridas puede causar desmayos?

Puede pasar. En los miedos ligados a la sangre y las heridas, algunas personas se marean o se desmayan al ver una lesión, en lo que se conoce como reacción vasovagal. Si notas que te vas a desmayar, siéntate o recuéstate enseguida. Si los mareos o desmayos se repiten, coméntalo con un médico.

¿Cómo superar el miedo a lastimarse?

Las fobias específicas suelen responder bien a la ayuda psicológica, en especial a la exposición gradual, que consiste en acercarse a lo que da miedo paso a paso y con técnicas de relajación. Retomar actividades poco a poco, cuestionar los pensamientos catastróficos y practicar la respiración lenta también ayudan.

Más información

Mayo Clinic: Fobias específicas, síntomas y causas · Manual MSD versión para público general: Fobias específicas · University of Utah Health: La batalla mental de la recuperación de una lesión